Pillados

Sábado noche. Terracita, cerveza, colegas, y temas de conversación para echar unas risas. Se me viene a la cabeza uno muy espectacular: las mejores pilladas sexuales. Volvemos atrás en el tiempo para rememorar todos esos «tierra trágame» que hemos vivido de jóvenes (y no tanto). Os voy a contar algunas para que paséis tan buen rato como el que pasamos recordando viejas hazañas. Eso sí, hoy no habrá nombres, no vaya a ser que aparezca descuartizada por alguna cuneta.

A nuestra víctima número uno la vamos a llamar X. Cuando tenía 18 años, los padres de X se iban cada fin de semana a su chalet en la sierra. Como no le gustaba eso de dormir solo, ya se encargaba él de buscarse siempre a alguna chica que lo acompañase. Además, su hermana mayor solía hacer lo propio, y se encubrían entre los dos.

Hasta que un día papá y mamá volvieron antes de lo previsto y entraron en las habitaciones de sus dos hijos sin llamar. No fue solo una pillada, fueron dos a la vez y, por lo visto, más que traumáticas para los padres de X, que eran bastante puritanos. Estuvieron unos cuantos años obligando a los niños a ir a la sierra para que no se quedasen solos en casa.

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