Pero tal vez esa inmediatez y acceso a la pornografía del que ahora gozamos no sea benéfico para nosotros. Un estudio publicado en la revista Archives of General Psychiatry aseguró que el consumo elevado de pornografía puede alterar la estructura y el funcionamiento de nuestro cerebro. Igual que el sexo, la pornografía hace que nuestro cerebro libere dopamina, sustancia responsable del placer y las emociones. Sin embargo, a diferencia de las relaciones sexuales, la pornografía produce un exceso de esta sustancia, la cual puede producir desórdenes cardiovasculares, renales y endócrinos. Además, esta descarga genera un tipo de adicción en la que nuestro organismo busca saciar de la misma manera para sentirnos «plenos» nuevamente.