Inspección a los omega 3

Uno de cada 10 estadounidenses se suplementan con aceites de pescado, y nueve de ellos lo hacen sin la supervisión de un profesional avalado.

A los ácidos grasos omega 3 se les atribuye multitud de beneficios tanto a nivel físico como mental. Desde mejorar la memoria o problemas digestivos hasta disminuir el riesgo cardiovascular o de sufrir cáncer.

[pullquote]La gente puede dejar de forma segura los suplementos de aceite de pescado y centrarse en seguir comportamientos de salud con eficacia probada[/pullquote]En los últimos 7 años se han realizado algunos estudios científicos, responsables de las posteriores publicaciones que han debido convencer a los consumidores, pues actualmente en Estados Unidos las ventas de omega 3 oscilan entre los 1.000 millones de dólares, el doble que hace 5 años.

¿Las conclusiones de algunas investigaciones pueden asegurar los beneficios de un producto en toda la población? ¿El auge y el aumento del consumo de suplementos de ácidos omega 3 están respaldados por una evidencia científica fiable?

Estas preguntas fueron las que llevaron a los profesores de la Universidad de Auckland, Grey y Bollans, a analizar y revisar las investigaciones de mayor calidad sobre la suplementación con aceite de pescado.  Recopilaron 18 estudios y 7 ensayos clínicos  entre los años 2005 y 2012 para llegar finalmente a una única conclusión: «La gente puede dejar de forma segura los suplementos de aceite de pescado y centrarse en seguir comportamientos de salud con eficacia probada» afirmó Bollans.

«Es evidente que el aceite de pescado no mejora la salud cardíaca», dijo Grey. «La población puede suspender su uso de manera segura y reemplazarlo con conductas saludables de probada efectividad», agregó.

Al parecer, es tan complicado comprender lo que es bueno y lo que es malo, que no nos podemos fiar a ciegas de un estudio científico porque puede carecer del rigor científico que debería poseer y sus resultados pueden no ser extrapolables a los ciudadanos. Por ello, la investigación debe continuar y el análisis de varias investigaciones dará fiabilidad y validez a las conclusiones.

Que algo no esté demostrado aún no significa que no sea recomendable, sino que no contamos con la certeza de que dicha recomendación sea lo sumamente certera. Hasta que la ciencia vaya evolucionando debemos invertir nuestras fuerzas y dinero en intentar cambiar nuestro comportamiento dietético, más que confiar en «píldoras mágicas».

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