El poder de las emociones

De un tiempo a esta parte, ya no basta con conseguir el mejor master, cultivar la experiencia más abundante en los puestos más altos, o dominar un conocimiento técnico específico y altamente valorado.

[pullquote]Las emociones positivas nos predestinan a conseguir el éxito, mientras que las negativas nos retraen y nos frenan[/pullquote]Los enormes cambios sociales, tecnológicos y empresariales, han derivado en el hecho ineludible de que quien pretenda alcanzar el éxito, deberá manejar las emociones con destreza, tanto las propias como las de ajenas.

Ya lo había expresado el exitoso Henry Ford al manifestar: «Si hay un secreto para el éxito, es el siguiente: entender el punto de vista del otro y ver las cosas con sus ojos».

Las emociones son como un dispositivo con dos polos opuestos, pero que no se atraen, sino que se rechazan, posicionándonos en situaciones opuestas. Las emociones positivas nos predestinan a conseguir el éxito, mientras que las negativas nos retraen, nos frenan, nos ponen “a la defensiva”.

Las primeras estimulan el éxito personal y profesional, nos convertimos en un centro de contagio para nuestro entorno, con los consiguientes resultados positivos e incrementados en todos los niveles.

Las emociones positivas nos convierten en agradables, cooperativos y empáticos, y al tener esta predisposición, aún sin darnos cuenta, estamos sembrando estas semillas en nuestro ambiente laboral.

Por el contrario, las emociones negativas son absorbentes de la energía con la que contamos, lo que lleva a la desgana, al mal humor, a la falta de empatía, a la sequedad e improductividad en la comunicación, a la inseguridad, la duda, la extensión de los rumores, y en definitiva, a configurar un ambiente laboral, muchas veces, irrespirable.

De más sabido está que cuando una organización está signada por las emociones negativas, la productividad se ve reducida, y los mejores recursos humanos buscan otros horizontes.

Por lo dicho, de poco servirán los exhaustivos manuales de procedimientos, normas, reglas y directrices redactados por los mandos superiores, si no están acompañados por el comportamiento emocional propicio de parte de estos mismos diseñadores de la política organizacional.

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