Bisexualidad invisible

El fin de semana estuve en la fiesta de compromiso de una amiga, que se casará en Navidad con otra mujer. Las dos llevan saliendo juntas unos tres años, pero ambas son abiertamente bisexuales.

Aún recuerdo el día que mi amiga me confesó que era bisexual. Siempre había sido una fucker, se llevaba a todos los tíos de cabeza, y era la chica del grupo con la vida sexual más agitada de todas.

Tras una tarde de compras, quedamos para tomar un café y nos dijo que estaba conociendo a alguien, que estaba contentísima y que era diferente a todo lo que había vivido antes. Sí, diferente era, se trataba de una chica.

A nosotras nos surgieron multitud de dudas, del tipo: «Pero entonces… ¿eres lesbiana?». Ella se nos definió como bisexual, le seguían atrayendo los hombres, pero había descubierto que también lo hacían las mujeres. Algunas de mis amigas no lo entendían: «O te gusta una cosa, o te gusta la otra, no pueden ser las dos cosas a la vez». Otras decían que la bisexualidad no existía, que era el refugio para los homosexuales que no aceptan del todo su condición.

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