Indecorosas anécdotas que les suceden a los masajistas

Un masaje debería tener como finalidad el alivio de molestias musculares o la relajación de determinadas zonas del cuerpo. Debido, sin embargo, a la peculiar situación por la que el paciente debe permanecer semidesnudo y el especialista tiene que tocar en lugares a los que no se permitiría acceder a cualquiera, a veces el masaje en cuestión puede desembocar en circunstancias involuntarias e indeseadas.

Existe un contrato tácito entre el paciente y el fisioterapeuta, quiropráctico u osteópata para que la sesión se desarrolle conforme a lo esperado. Sin embargo, no siempre las reacciones de nuestro cuerpo o ciertos mecanismos inconscientes pueden controlarse por completo.

Desde diferentes hilos de Reddit y Whisper recogemos algunas de estas anécdotas, reveladas directamente por los propios profesionales.

Reacciones instintivas

El tacto es el sentido que más utilizamos para demostrar afecto, denotar deseo de intimidad o estrechar lazos con los demás. En una sesión de masaje, las dos personas implicadas pueden sufrir las consecuencias derivadas de las inevitables sensaciones que despierta el mero hecho de tocar. Algunos sucesos tienen un punto inocente: “Todavía sonrío cuando mis clientes gimen y hacen ruidos mientras deshago sus contracturas”, confiesa un masajista en Whisper. Otro especialista reconoce que “como masajista hombre, nunca he hecho nada inapropiado con una mujer… Si bien siempre he tenido fantasías al respecto”.

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