El director noruego nos ofrece una puesta en escena que recrea con acierto la época en la que transcurre la película, pero sin alardes técnicos, ni nada en particular que reseñar. La cámara se convierte así, en una fiel compañera de los actores entre los que destaca (por motivos obvios) un inmenso Benedith Cumberbatch (Sherlock, Star Trek: En la oscuridad) en la piel del brillante científico, con una interpretación llena de matices, rozando el límite de la intensidad en alguna ocasión, pero sin llegar a lo vulgar ni lo desmesurado.



















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