El machismo se reproduce en todos niveles, a veces sin consciencia del acto: lo hacen los empleadores de empresas dedicadas a la tecnología, la industria pesada o la operación de maquinaria típicamente pensada desde la categoría masculina. También pasa algo similar con las mujeres cuyo trabajo depende de su pericia al volante o automovilistas. Lo mismo con quienes pretenden estudiar una ciencia natural o carreras con matrículas donde el sexo opuesto es predominante, o desde la posición social: las mujeres abiertas a la experimentación sexual, las madres solteras, las feministas y toda clase de discursos disruptivos son tratados con la misma lógica.



















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