Es obligación hacer un análisis mucho más profundo de todo cuanto influye en la denigración de la mujer en todas las áreas de la vida y prestar especial atención a los dispositivos que reproducen con sutileza la supuesta inferioridad de ésta. Desde las escuelas primarias hasta las universidades y la academia, del uso de las palabras hasta la legislación oficial, del funcionamiento del mercado hasta la propiedad privada y del sinfín de tecnologías que legitiman y dan fuerza a un discurso de orden y normalidad aparente.



















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