Se trata del peso de un discurso que premia a la norma y carga contra lo anómalo, todo lo que escapa del espectro de normalización aparece como indeseable, deformado e indigno de su realización. Esto es especialmente útil frente a las minorías, los discursos contestatarios y todo lo que pretende causar disonancia con la regla, entendida como el modo de vida actual y las máximas que la rigen: el sistema capitalista de producción, las leyes y valores del ideario liberal, una visión positivista de la ciencia e historia y un profundo machismo.



















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