Desde la psicología, las distorsiones creadas a partir de la asociación implícita se conocen como sesgos, porque se establece como verdad un principio que carece de demostración, tomando la particularidad como generalidad y faltando a un principio estadístico que no responde a la moda. La definición psicológica del problema es útil, pero insuficiente. Desde el campo de la filosofía política, es posible hacer una caracterización más aguda del funcionamiento de los sesgos, su reproducción en la sociedad y su objetivo final.



















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