Durante la práctica regular de actividad física, el motor de nuestro cuerpo se adapta al ritmo y crece. El corazón se hace más fuerte y voluminoso y será capaz de encerrar y eyectar un mayor volumen de sangre. Un corazón entrenado expulsará más sangre en una contracción por lo que se necesitarán menor número de contracciones para oxigenar a las células. Por tanto, la frecuencia cardiaca en reposo será menor. En atletas de alto nivel podemos observar frecuencias en reposo de unas 40 ppm.