En personas con sobrepeso y obesidad, correr puede suponer un esfuerzo excesivo. Y más si se trata de personas previamente sedentarias. Hay que tener en cuenta, en primer lugar, que un excesivo peso puede poner en riesgo las articulaciones: hablamos tanto de las rodillas como de las caderas, y más si la pisada no es correcta. Lesionarse a las primeras de cambio mermará notablemente la motivación de una persona cuyo objetivo es bajar kilos.