Variedad no es sinónimo de calidad. Dependiendo del «todo» del plato pequeño podemos beneficiarnos o no.
Además, una dieta variada (aunque sea en plato pequeño) puede conducirnos a comer más al final del día o incentivar nuestro apetito, pues nuestro organismo experimenta un proceso llamado saciedad sensoroespecífica que determina que, aunque estemos llenos, la presencia de un alimento con aroma, sabor y/o textura diferente nos abre el apetito y es un promotor del consumo.



















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