No “dar el cante”. Con esto nos referimos, simplemente, a los gritos que solemos escuchar entre algunos apasionados del entrenamiento duro. Es completamente razonable soltar algún grito de esfuerzo si estamos haciendo la última repetición con el máximo peso que podemos mover, pero no es de recibo emitir sonidos guturales a cada movimiento que hacemos con la intención de llamar la atención del resto, ya que podemos desconcentrarles o incluso hacerles reír.