El origen de esta forma de amar está en el taoísmo, que afirma que la energía sexual masculina, el ‘yang’, se proyecta hacia afuera a través de los genitales. Como según esta visión la energía femenina o ‘ying’ está oculta, para estimularla y hacerla brotar (hacia adentro de la mujer) hay que preparar su cuerpo llamando a las tres puertas, que se identifican, en terminología moderna, con el clítoris, el punto G y el fórnix, situado en la parte más profunda de la pared vaginal.