En segundo lugar, apoyamos la planta del pie para que el cuerpo avance. Durante la carrera, las fuerzas ejercidas por el pie en el suelo llegan a triplicar el peso corporal. Por ello, las articulaciones de amortiguación y estabilidad (subastragalina, chopart y lisfranc) son tanto o más importantes en esta fase que las articulaciones de movimiento (tobillo y metatarso-falángicas). Una alteración de estas articulaciones, por ejemplo por artrosis o por una excesiva pronación o supinación, implica una mala adaptación a un terreno irregular que se traducirá en esguinces, sensación de inestabilidad y dolor en la planta o en el empeine.