La escalada implica fortaleza, músculos preparados para responder a un esfuerzo (con ellos «tiras» de tu propio cuerpo).
Por su parte, el rapel supone poder descender con un ritmo constante, sin movimientos bruscos, y con total seguridad, manteniendo el equilibrio y la distancia correcta entre la cuerda a la que se aferra tu cuerpo y la pared (debes estar casi en paralelo).