Al etiquetar las emociones se puede tener un mayor conocimiento del estado emocional propio, evitando tomar decisiones directamente influenciadas por estos o mezclar las emociones desencadenadas en la vida personal con la profesional, o viceversa.
4. Equilibrar las emociones de forma lógica
En muchos lugares a esta práctica se la conoce como “pensar con la cabeza fría”, es decir, tomar decisiones tiempo después ocurrida alguna experiencia fuerte en la que se involucren las emociones.