En su segundo intento en Marruecos, tuvo más suerte. Aunque no tanta como otras compañeras de viaje que acudieron al mismo país en la misma época y con el mismo objetivo de adoptar. «Otras chicas fueron en las mismas fechas que yo pero se dirigieron a Rabat en vez de ir a Casablanca. El resultado fue que ellas acabaron los trámites de la adopción en tres meses; yo casi en dos años».