Intercambios de parejas, cuartos oscuros, fitofilia, exhibicionismo y voyeurismo… Las posibilidades en el mundo del sexo son infinitas, y todo el mundo tiene derecho a realizar aquello que le produzca deseo, siempre con sus límites de respeto y tal. Muchas veces no hacemos lo que nos apetece por el miedo a que nos cataloguen de o a que nos rechacen por. O si lo hacemos, no bebemos en el «yo nunca», no se vayan a enterar nuestros amigos.