Aunque todos los miembros del grupo nos sacaban unos cuantos años, allí que nos acoplamos tan ricamente. Tras las presentaciones de rigor, empezó a circular la pregunta de por qué no jugábamos al «yo nunca», cosa que a todo el mundo le pareció una idea maravillosa. Mi amiga y yo nos miramos con cara de ¿será una broma?. «Yo no juego a esto desde la Universidad por lo menos». «No me río, ¿que no hará 10 años de la última vez?».