Al grito de «venga uníos, será divertido», nos sentamos junto a unas chicas muy majas en el círculo que habían formado. Empezaron, como siempre, con preguntas flojuchas, de las que están pensadas para que beba todo el mundo. A la tercera ronda ya fue subiendo la temperatura, pero es que a la quinta la cosa se puso seria. Ahí me di cuenta de la cantidad de tabúes que tenemos todavía en lo que se refiere al sexo. Por mucho que vayamos de modernos.