Cuando se ingieren más proteínas de las que el cuerpo necesita (mucha proteína y poco ejercicio), pueden darse consecuencias poco saludables como el aumento del ácido úrico, la deshidratación, el riesgo de daño en hígado y riñones e incluso el sobrepeso (no hay que olvidar que muchos de los alimentos ricos en proteínas también lo son en grasas).