La estampa no tiene desperdicio ya que mientras tu «cariño» te espera (con el carro que se va para todos los lados posibles de la montaña de muebles que lleva encima) tú sacas tu lado «macho man», conviertes el coche en furgoneta, coges el mueble como si fueras Lobezno y empiezas a empujar a aquello de forma tal que si tu coche hablara te diría de todo menos «gracias bonito por el detalle».