Si emprendes una actividad que te genera buenas sensaciones emocionales y que te hace sentir parte de un grupo ¡creerás que estás jugando! ¿Y quién no quiere jugar? A pesar de que tengas 30 ó 40 años, seas pianista, abogado o estés en el paro, todos biológicamente estamos preparados para no dejar de jugar.