Tanto estos como la parte inferior de las orejas –en el caso de que no tenga lóbulos, algo más común de lo que crees– son una zona erógena increíblemente sensible. Además de acariciarlos con los dedos puedes mordisquearlos, besarlos y lamerlos suavemente e ir dando cobertura al resto de la zona: detrás de las orejas, por el cuello, su cabeza, bajar por su espalda…