Un ejemplo muy claro de cómo es el cuerpo quien, a veces, toma el control gracias al número incansable de veces que realizas una acción, es cuando se te olvida un número de teléfono, pero al coger tu móvil, y sin pensar, tecleas los dígitos. ¿Qué está pasando? Conscientemente no lo recordabas pero has llamado a esa persona tantas veces que el cuerpo sabe más que el cerebro.