Por eso, a veces te propones grandes cosas, pero finalmente acabas viviendo las mismas experiencias, sufriendo los mismos miedos y rodeándote siempre de la misma clase de personas. Si un hábito es cuando el cuerpo se ha convertido en el director de orquesta, entonces el cambio consiste en sacar al director del cuerpo y devolverlo al cerebro.
La mente y el cuerpo tienen que trabajar juntos para que cambiemos. Por eso, en ocasiones, nos resulta tan complicado seguir un plan nutricional, porque nos autodefinimos como “faltos de voluntad” y en realidad desconocemos que vamos diez años educando a nuestro cuerpo con los mismos patrones de pensamientos, alimentándole con la misma dosis de sustancias químicas… y cambiar todos estos hábitos requiere primero conocimiento y después intención.