Un hábito se forja cuando el cuerpo toma el control, cuando la repetición de tus acciones y pensamientos diarios se hacen tan fuertes que crean una adicción química. Esta adicción corporal alcanza el cerebro para que éste mueva los hilos, y te incite pensamientos que finalmente generen lo que tu cuerpo está acostumbrado a recibir: inseguridad, enojo o insatisfacción.