Y se activan diversos mecanismos cerebrales para que pensemos de la misma manera que se siente nuestro cuerpo. En cuestión de segundos, empiezas a oír esas voces, ese parloteo, esas autosugestiones que te dicen: “Mejor empieza el lunes que viene. Ya es tarde para ir al gimnasio, ve mañana que seguro que estás más animado”. Y sin verlo venir, estás tumbado en el sofá con el control remoto, jugando a la Play y una caja de galletas bajo el brazo sin tener idea de cómo sucedió.