Pero un día dices: «Ya está bien, se acabó. ¡El lunes me pongo a dieta! Proclamo a toda la humanidad que se acabaron las pastas con el café, los dulces de por la tarde y los vinos de los fines de semana. Esto no puede seguir así, ¡me apuntaré al gimnasio con Juan y saldré a correr con Luis! Qué envidia Luis… que cuerpazo tiene el chaval…»