¿Cómo hacerlo? Utiliza un balón medicinal de esos que no rebotan, de los que se quedan en el suelo (si utilizas uno normal asegúrate de que hay un dentista cerca del gimnasio…) Sujétalo sobre tu cabeza, contrae los abdominales como si fueras a recibir un puñetazo en el estómago y lanza el balón fuertemente contra el suelo mientras mantienes el pecho erguido y tus ojos mirando al frente. El objetivo es lanzarlo lo más fuerte posible sin flexionar tus caderas o curvar tus hombros.