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Esta es la motivación más eficaz para entrenar, probada por la ciencia

Un estudio americano investiga cuáles son los resortes que nos levantan del sofá para ir a entrenar y descubre que ni la salud ni el atractivo físico son los más convincentes.

Expectativas del tipo un cuerpo perfecto en unas semanas, una salud de envidiable de aquí a unos meses o una vida social mucho más activa y excitante suenan francamente bien. Pero estos objetivos no salen gratis. Para alcanzarlos, la vida te da a elegir entre aprovechar la hora de comer para ir al gimnasio o retrasar la hora de la cena para salir a correr tres o cuatro veces por semana. Reconozcamos que para cambiar sofá por zapatillas de deporte hace falta una gran fuerza de voluntad o bien un buen motivo para hacerlo. ¿Lo tienes?

Según la Encuesta de Hábitos Deportivos en España 2015, elaborada por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, el 29,9% de los españoles manifiesta que el motivo principal para hacer deporte es simplemente el deseo de estar en forma. Ahora bien, ¿es posible acudir al gimnasio cada semana sin más motivación que la promesa de estar sano, lucir tipazo o ampliar nuestro círculo social? Sea cual sea la razón que te motiva, lo que es incontestable es que dar con una convincente es imprescindible para ser constantes en cualquier propósito, y el deporte no es una excepción. La cuestión es averiguar cuál es la mejor motivación para entrenar.

Aversión a la pérdida

Según un estudio realizado por la Universidad de Pensilvania (EEUU), liderado por el profesor Mitesh Patel, la respuesta es mucho más prosaica de lo que algunos seguramente esperaban. Y es que los investigadores sostienen que la motivación más eficaz de todas es la económica. Así se desprende de la realización de un experimento en el que los participantes debían cumplir con un objetivo: caminar 7.000 pasos cada día durante seis meses. A algunos de ellos, cada vez que alcanzaban la meta se les recompensaba económicamente con 1,40 dólares (1,32 euros), mientras que si no lo conseguían, perdían la misma cantidad. Transcurrido el período de observación, detectaron que aquellos que podían perder su dinero cumplían con el reto diario un 50% más que los que no tenían esta presión.

Según Patel, nuestro cerebro está cableado para evitar la pérdida a toda costa; es lo que él denomina loss aversion (“aversión a la pérdida”), y es, en definitiva, lo que para el investigador constituye el verdadero catalizador para la práctica asidua y constante de ejercicio físico.

Así pues, parece que bastaría con que nos descontaran algo más de un euro al día de nuestra cuenta corriente para acabar con las razones (excusas) que argüimos los españoles para no ir al gimnasio. Esto es: falta de tiempo (43,8%), ausencia de interés (20%), problemas de salud (11,9%), edad (9,9%), motivos económicos (5,7%) y falta de instalaciones adecuadas (5,1%) (Encuesta de Hábitos Deportivos en España 2015).

“El cerebro del ser humano está especialmente diseñado para protegernos frente a las pérdidas, por eso la sola idea de que se produzcan, desencadena inseguridad y miedo”

Laura García Agustín, psicóloga clínica

Nos puede la impaciencia

“El cerebro del ser humano está especialmente diseñado para protegernos frente a las pérdidas, por eso la sola idea de que se produzcan, desencadena inseguridad y miedo”, argumenta la psicóloga clínica y autora de Entrena tus fortalezas (2015) Laura García Agustín, quien coincide con el investigador americano en que la posibilidad de perder dinero puede ser una motivación muy eficaz, “ya que se trata de una consecuencia negativa e inmediata que el ser humano trata de evitar a toda costa”.

Por tanto, la desaparición de una posesión —el dinero en este caso— es importante a la hora de tomar decisiones. Sin embargo, todavía lo es más la inmediatez. Es decir, es más efectivo tener la certeza de que perderemos una determinada cantidad de dinero a corto plazo, que saber que ganaremos cierto montante en el futuro. Así lo cree la psicóloga, quien además añade: “A nuestros ojos una ganancia postergada no nos parece tan segura como una pérdida inmediata. Así que, incluso aunque ésta fuera menor, el miedo a que se haga real, hará que el temor y la desconfianza se instalen en nosotros, haciendo que busquemos el modo de que no se produzca”.

Por su parte Natàlia Calvet, coach y experta en hábitos saludables, aunque no rechaza la teoría de la aversión a la pérdida, sí advierte de que “puede conllevar un coste emocional demasiado elevado”. Y continúa: “Al fin y al cabo, estás haciendo algo por miedo, y eso no es óptimo ni eficaz a largo plazo”. La buena noticia es que según la coach, este comportamiento se puede entrenar. “Es posible enseñar a nuestra mente a tener una visión positiva de la vida y a escoger acciones en función de lo que queremos conseguir. De este modo, encontraremos la motivación necesaria para hacer ejercicio sin recurrir a la estrategia de la amenaza económica”, sostiene.

“Perder peso y ponerse en forma son dos propósitos de futuro, en cambio, quedarse apoltronado en el sofá es una gratificación inmediata”

Natàlia Calvet, coach y experta en hábitos saludables

¿Por qué nos cuesta tanto movernos?

La culpa la tiene la zona de confort. Un lugar donde a nuestro cerebro le encanta estar y del que no quiere salir. Y es que, según Calvet, “es una manera de ahorrar energía. Si queremos incorporar un nuevo hábito, como ir al gimnasio, tenemos que poner nuestro foco en eso y utilizar estrategias para hacerlo más fácil: poner una alarma en el móvil, quedar con un amigo en el gimnasio, dejar la ropa preparada en el coche…”.

A esta pereza cerebral, la experta también suma la búsqueda de la gratificación inmediata frente a los objetivos a largo plazo. “Perder peso y ponerse en forma son dos propósitos de futuro, en cambio, quedarse apoltronado en el sofá es una gratificación inmediata”, ejemplifica la coach. “Tan pronto como nos centremos en lo que queremos conseguir dejando de lado la recompensa rápida, habremos logrado controlar nuestra voluntad”.

Por su parte, la psicóloga Laura García Agustín refrenda la idea. “Nuestro comportamiento está regulado por las consecuencias que se derivan de él. Lo que ocurre es que los efectos a corto término (ver una película, ir al cine, quedarse el sillón…) se imponen a los de medio y largo plazo, eliminando toda actividad que exija un esfuerzo previo (practicar deporte) que aleje el momento del placer”. Aseveración que lleva a la propia experta a concluir que “la perspectiva de unas consecuencias positivas no es suficiente para vencer la pereza”.

Motivación a (tu) medida

Según la teoría del profesor Patel, la amenaza de una sanción económica nos pone las pilas a todos, homogeneizando las posibles motivaciones existentes para comenzar y mantener un entrenamiento. Sin embargo, Natàlia Calvet es de la opinión de que cada persona tiene su propio impulso, único y personal. El problema es que “hay que averiguar cuál es y la mayoría de las veces no nos molestamos en profundizar en ello, saltándonos ese paso previo e imprescindible”. Para despejar esa incógnita, Calvet nos exhorta a plantearnos cuestiones como: “¿Quieres estar en forma para sentirte ágil? ¿Ser un ejemplo para tus hijos? ¿O quizá tu objetivo es conocer gente?”. Descubrir tu propia motivación puede ser el camino para abandonar tu zona de confort, si no, siempre puedes optar por el castigo económico.

Fuente: as.com

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