Mención aparte hay que hacer respecto a determinadas bebidas cuyas calorías no son «vacías», ya que en su composición se incluyen distintas sustancias beneficiosas. Es el caso de la cerveza, rica en vitaminas y minerales y con una importante acción diurética, o el vino, cuyos taninos favorecen el sistema cardiovascular (insistiendo siempre en la necesaria moderación). Otro ejemplo es la sidra, bebida fermentada (no destilada) que encierra algunas de las buenas propiedades de la manzana.