La cerveza del aperitivo, el vino en la comida o los combinados propios de las salidas nocturnas pueden convertirse en tu peor enemigo. Afirmar que el alcohol engorda, admite pocas discusiones, aunque hay que matizar que, como ocurre con casi todo lo que ingieres, el secreto está en la moderación, en un consumo razonable (si quieres), que no suponga un fuerte desequilibrio en tu dieta.