1. «El deporte en ayunas mejora la sensibilidad a la insulina»
Es la tesis del neurocientífico Mark Mattson, de la Universidad de Johns Hopkins (Baltimore, EE UU): el cuerpo segrega insulina en respuesta a una comida, pero esta hormona de almacenamiento funciona mejor (regula el metabolismo y da esquinazo a la diabetes), cuando ayunamos durante unas horas e ingerimos algo después. Dado que entre sus funciones está también la mejora de la irrigación sanguínea a los músculos, si optimizamos su trabajo (yendo al gimnasio con el estómago vacío y tomando algo al salir), lograremos mejores resultados. “El ejercicio en ayuno nocturno (sin desayunar) estimula la lipólisis y la oxidación de grasa periférica [quema de grasas durante e inmediatamente después del ejercicio]. Asimismo, aumenta la descomposición de los lípidos intramusculares en las fibras tipo I, así como la degradación del glucógeno de las fibras IIa, comparado con un ejercicio similar realizado sin ayuno [más trabajo muscular]. Hay estudios que evidencian que la abstinencia de comida es una estrategia útil para estimular adaptaciones fisiológicas en el músculo que eventualmente pueden contribuir a mejorar el rendimiento del ejercicio de resistencia”, sentencia Margarita Pérez, catedrática de Fisiología del Ejercicio en la Universidad Europea.