La industria alimenticia produce contaminación que no producen los agricultores locales, como el exceso de consumo de agua, la infertilidad de la tierra, CO2 expulsado por el traslado de los alimentos en aviones, barcos y camiones; y en algunos casos hasta la violación de derechos humanos de los jornaleros, con salarios miserables y jornadas laborales exhaustivas.