El resultado, artísticamente hablando, no pudo ser peor. Y es que intentar sacar un guión de unos juegos cuya línea argumental era prácticamente nula convertía la tarea en un imposible. Los resultados de taquilla fueron parejos a los artísticos excepto en el caso de Tomb Raider, claro que en ahí intervenía el factor Angelina Jolie y el parecido razonable con el espíritu de las películas de Indiana Jones.