Una película no es un juego y no podrá serlo jamás. Sus virtudes son otras, tan válidas o más que las que se puedan encontrar en una consola. Solo tiene que dedicarse a lo que sabe. Al fin y al cabo, y por poner un ejemplo, este año se han estrenado auténticas joyas del celuloide como El lobo de Wall Street, 12 años de esclavitud o La gran estafa americana (dentro del circuito más mainstream). El cine es el cine, que a los productores no se les olvide.