Suena el despertador y le apagas de un encolerizado manotazo al igual que siempre. Te levantas, te lavas la cara y te cepillas los dientes de la misma forma cada día. Te duchas enjabonándote con el mismo patrón de siempre, primero un brazo, luego el otro… te secas de igual modo los últimos años, y lo mismo sucede al vestirte. Sí, eres muy previsible.