Y es en este preciso momento, cuando tu cuerpo adaptado a tus costumbres se niega a cambiar y te lanza esas voces, ese parloteo, esas autosugestiones que te dicen: “Mejor empieza el lunes que viene la dieta”, “Ya es tarde para ir al gimnasio, mejor voy mañana que seguro estaré más animado”. Y sin verlo venir, estás tumbado de nuevo en el sofá con el control remoto y comiéndote la tableta de chocolate.