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Tener un hijo cuesta…

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Rosa Maestro es madre de dos niñas: Alba (13) y Luna (8). Las dos son muy especiales. Y no solo como todo hijo lo es para su madre sino más bien como cuando consigues algo que creías imposible.

Alba es resultado de una inseminación y Luna fue primero adoptada a través de la kafala o acogimiento en Marruecos hasta que Rosa consiguió su adopción plena. “Ellas saben de dónde vienen desde siempre porque creo que es muy importante compartir con ellas sus orígenes“, dice convencida.

Su convencimiento sobre las ventajas de estas dos formas de llegar a la maternidad soltera la ha llevado, entre otras cosas, a crear la web Masola (Madres solteras por decisión propia y otros modelos de familia) donde comparte ideas, consejos y noticias para todas aquellas que, como ella, quieren tener hijos pero no por los cauces biológicos más tradicionales.

“Había tenido relaciones de pareja pero no eran lo que yo quería ni los veía como padres. Estuve tres años mirando las opciones de la reproducción asistida y, poco antes de decidirme, empecé a salir con un chico. Tenía 38 años y veía que la relación no funcionaba así que decidí seguir con el plan inicial de tener la niña sola“. Así que se sometió a un proceso de inseminación, con tan buena suerte que se quedó embarazada a la primera.

Para la segunda no fue tan sencillo. Trató de repetir el método pero no fue efectivo así que empezó a consultar sus opciones con respecto a la adopción. “Opté por Panamá pero, tras dos años de papeleo, cambiaron la ley y de repente no aceptaban familias monoparentales así que me tuve volver a Madrid”. Ya con 40 años, probó dos y tres veces con la inseminación sin éxito y, un día, estando ya en lista de espera para la donación de óvulos, oyó hablar de las kafalas.

Las kafalas son un tipo de acogimiento permanente que existe en Marruecos con los niños que tienen certificado de abandono. “Antes, hacías la solicitud para este acogimiento y, ya en España, tenias que ir a un juicio donde optar a una adopción plena”. Pero advierte que “ha habido cambios en la ley y ya no se pueden hacer así”.

Sobre la experiencia de ser madre soltera, Rosa cree que lo mejor es “todo”. Y lanza un mensaje de ánimo a aquellas que se lo estén planteando: “Al principio piensas que la maternidad en solitario va a ser más complicada pero al final te das cuenta de que tiene también muchas ventajas. Por ejemplo, tomas tú todas las decisiones -acertadas o no- sin discusiones con la pareja. Terminas agotada pero psicológicamente muy bien”. Lo más complicado es que “en casa solo entra un sueldo y que la carga física es mayor: limpias, los llevas al parque, los recoges del fútbol…”.

Pero saca tiempo para todo eso, para escribir libros como ‘Lucía y el cofre mágico de la familia‘ o ‘Cloe quiere ser mamá’ –un cuento infantil sobre la maternidad en solitario- y sí, incluso para seguir conociendo chicos. “¡Claro que ha habido relaciones desde que tengo a las niñas! En este momento no tengo pareja pero estoy abierta a ello…”, dice divertida. Entonces, ¿es compatible tener hijos y citas? “Algunas de las madres solteras que conozco se han casado, otras casado y divorciado, otras han tenido el segundo hijo con una pareja… hay de todo y por supuesto que la vida sigue”.

Precio y edad: los límites de la reproducción asistida

Rosa reconoce que, en su caso, le fue mucho más difícil tramitar la adopción que realizar la inseminación pero “porque tuve suerte y me quedé embarazada en la primera inseminación“. De hecho, reconoce que no es lo habitual.

En el aspecto económico, la reproducción solo es difícil sino casi prohibitiva. “La inseminación artificial puede estar entre los 1.200 y 1.500 euros; una fecundación in vitro o FIV –extracción de los óvulos de la mujer para fecundarlos en el laboratorio y después depositarlos de nuevo en el útero- anda por los 5.000 o 6.000 euros; y la donación de óvulos –recepción de óvulos de donantes para ser fecundados y depositados en el útero de la mujer- está entre 6.000 y 8.000 mientras la donación de embriones suele costar entre los 3.500 y los 5.000 euros“, explica Rosa.

Otro método menos conocido es la donación de embriones, que consiste en transferir embriones que llevan carga genética de otro varón y otra mujer y se usa en parejas de hombre y mujer donde ambos son incapaces de tener niños. Los precios de este servicio van de 2.000 de 3.000 euros aproximadamente y la Sociedad Española de Fertilidad estima que las probabilidades de embarazo en cada ciclo empleando este método están entre el 20 y el 40%.

No es obligatorio acudir a un centro privado sino que existe la posibilidad de realizar la reproducción asistida a través de la sanidad pública. La Ley de Reproducción Asistida (Ley 14/2006), indica en su artículo 6 que “la mujer podrá ser usuaria o receptora de las técnicas reguladas en esta Ley con independencia de su estado civil y orientación sexual”.

Sin embargo, en 2013 el Ministerio de Sanidad anunciaba una propuesta para que la reproducción asistida se reservara para “parejas integradas por un hombre y una mujer” con problemas de fertilidad. Y en el 2014, el Boletín Oficial del Estado publicaba una reforma con sutil sorpresa para las mujeres que quieren ser madres solas o junto a otra mujer, publicando que “las mujeres serán mayores de 18 años y menores de 40 años y los hombres mayores de 18 años y menores de 55 años en el momento del inicio del estudio de esterilidad”, algo a lo que algunos profesionales se han aferrado para negarle el tratamiento a mujeres solas o con otra mujer como pareja.

Adopción: frente a una ley cambiante

En el proceso de adopción no te enfrentas a los resultados negativos de los test pero sí a una legislación cambiante y específica de cada país donde tratas de comenzar el proceso. “Abren la adopción en nuevos países, otros cierran, cambian las condiciones para mujeres sin pareja… Si te pilla un cambio de por medio, no te queda otra que aguantarte, llevarte tus documentos y empezar de nuevo en otro sitio”.

Eso fue lo que le pasó en su primer intento de adopción en Panamá donde, tras dos años, tuvo que marcharse por un cambio en la legislación que prohibía adoptar a familias monoparentales.

En su segundo intento en Marruecos, tuvo más suerte. Aunque no tanta como otras compañeras de viaje que acudieron al mismo país en la misma época y con el mismo objetivo de adoptar. “Otras chicas fueron en las mismas fechas que yo pero se dirigieron a Rabat en vez de ir a Casablanca. El resultado fue que ellas acabaron los trámites de la adopción en tres meses; yo casi en dos años”.

Rosa se queda en silencio un segundo y resopla: “Tanto en adopción como en reproducción asistida, sabes el día en que empiezas pero no cuándo terminas. Aunque una vez llega el niño, te das cuenta de que todo el sufrimiento ha merecido la pena”.

Asumir un ‘no’

La reproducción asistida es más dura emocional y económicamente; pero sobre todo, emocionalmente”, comenta Rosa. En la parte emocional, normalmente se afrontan muchos resultados negativos, muchos requisitos y muchas ilusiones truncadas que se suman al coste del método. “Cada ‘no’ significa volver a empezar todo el proceso. Tengo amigas que han estado hasta ocho años y emocionalmente desgasta mucho”.

Eso por no hablar de la cuenta atrás biólogica a la que te enfrentas y que debes compaginar con tus ahorros disponibles para acelerar el proceso. “Si te quedas embarazada en la primera inseminación artificial, fenomenal; pero la mayoría tiene que parar, ahorrar y volver a intentarlo. Casi todas tenemos algo ahorrado pero a lo mejor tienes para dos inseminaciones y una fecundación in vitro pero si te gastas los 10.000 euros que tenías, tienes que volver a empezar. Y el tiempo corre en tu contra”.

¿Juicio social a la madre soltera?

María (nombre ficticio) está a punto de cumplir 42 años, está soltera y quiere ser madre. Ha empezado recientemente las pruebas para empezar el proceso de reproducción asistida y le han dicho que, debido a su edad, tendría que ser fecundación in vitro o recurrir a la donación de óvulos. Y se encuentra muy desanimada.

“Mi familia no sabe que lo estoy intentando porque no necesito más presión y estrés del que ya tengo; sé que va a ser difícil conseguirlo y que cada mes, es un mundo”. Una lágrima resbala por su mejilla. Nunca se había planteado tener hijos sola pero “un día te levantas y te das cuenta de que estás al límite biológico posible y que sigues sin encontrar a la pareja que deseabas” así que decidió que “si no podía tener pareja e hijos, al menos tendría lo segundo”.

Tras unos meses, a María le han hecho análisis de sangre, le han explicado las fases del proceso, las opciones que tiene y también le han anunciado que la someterán a una evaluación psicólogica para determinar si es adecuada para empezar la reproducción asistida cuando “si vienes con pareja, no te hacen ese test”.

Según la Ley de Reproducción Asistida (Ley 14/2006), “toda mujer mayor de 18 años y con plena capacidad de obrar podrá ser receptora o usuaria de las técnicas reguladas en esta Ley, siempre que haya prestado su consentimiento escrito a su utilización de manera libre, consciente y expresa”. No se especifica sobre la posibilidad o prohibición de realizar una evaluación psicológica a la madre soltera. No obstante, sí se mantiene que “si la mujer estuviera casada, se precisará, además, el consentimiento de su marido”.

Por su parte, a Rosa no le han hecho pruebas psicológicas. Tampoco ha notado un juicio de su entorno en torno su decisión de afrontar la maternidad en solitario. María sí y, de hecho, se ha sentido juzgada en la misma clínica privada donde la han atendido. “Me llegaron a decir que por qué no me iba por ahí de noche y me acostaba con el primero que viera, que me saldría más barato. Esa frase me hundió; sentí que era una falta de respeto, sobre todo en un momento en el que estás tan sensible”.

Rosa pone el grito en el cielo al escuchar tal frase. “Cada uno que haga lo que considere pero, personalmente, creo que tener un hijo es una cuestión de dos; en mi caso también porque firmas un documento y las dos partes consienten. Si te acuestas con alguien con la intención de quedarte embarazada y sin avisarlo, estás engañando a esa persona“.

Se hace el silencio. La creadora de Masola reflexiona un segundo. “Quizá es cierto que hay una parte de la sociedad que aún no lo entiende. Lo típico ‘eres guapa, ¿por qué quieres tener un niño soltera?, ¿cuál es el problema?’ Y ¿por qué tiene que haber un problema? Yo no le pregunto a nadie: ‘Eres fea y estás casada, ¿cómo fue eso?’ Muchas de nosotras hemos tomado esta decisión seamos guapas, feas, altas, bajas o gordas. Estamos viviendo un empoderamiento de la mujer soltera que decide vivir sin pareja o tener hijos sin pareja. Y si hay una parte de gente que aún no lo comprende, dejémosla que avance”.

Fuente: Gonzoo.com

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