Al final la historia terminó en unas clases aburridas, con pocos alicientes y menos resultados. Además de ser una actividad incómoda, las máquinas se fueron quedando solas y nadie ya las utilizaba. Al igual que con los chalecos, las personas que buscaban resultados rápidos y fáciles se desencantaron pronto al ver que lo prometido no era tal y su evolución era lenta. Por eso también pasó al cajón de las modas fitness.
El TRX, una moda efectiva