Nunca caricias demasiado suaves, lo mejor es calentar la zona agarrando los pies con las dos manos y utilizando las yemas para activar la planta. Una vez haya quedado claro que no la estás haciendo cosquillas –no vayas a llevarte una patada como acto reflejo– continua masajeando el tobillo y el talón en pequeñas rotaciones.