Y somos tan egocéntricos que al entrar en un restaurante creemos que todo el mundo se está fijando en ese flequillo que te has peinado hoy a todo correr porque tu pareja te estaba metiendo prisa. Sólo tú te das cuenta de tus imperfecciones porque ocupas casi todo tu tiempo en prestarte atención, sin embargo, nadie está tan loco como para considerarte el centro del universo (excepto tú mismo claro).