Probablemente, desde el punto de vista occidental, más allá de una bonita imagen para campañas de moda, el ‘kabe-don’ tenga que ver con las siempre polémicas fantasías de violación. Es lo que sugiere Giard en su columna de ‘Libération’. “Los estudiantes no se equivocan al parodiar el kabe-don en forma de puestas en escena grotescas, declinando el estereotipo hasta que se agota la carga erótica”, recuerda.
De ahí que haya penetrado rápidamente en el cine pornográfico y hayan surgido multitud de variantes, a cada cual más violenta (pero también absurda): es el caso del conocido como ‘semidon’, en el cual el hombre envuelve con los brazos y las piernas a la mujer de forma humorística o del ‘kabezubo’, donde directamente el hombre ha clavado manos y piernas en la pared.
La línea entre la ficción y la realidad
Muchos de los expertos en cultura oriental relativizan la carga violenta del ‘kabe-don’ y sugieren que quizá se encuentre en la mirada del observador. Es posible que simplemente se trate de uno de esos comunes choques culturales entre Japón y Occidente. Como recuerda Cho, “aunque se encuentre muy lejos de las fantasías de violación, la noción de que a las mujeres les debería gustar sentir escalofríos ante su pareja es quizá lo que nos pone nerviosos de los elementos de la cultura popular nipona”.

Lo cual no quiere decir que la mayoría pasen por alto el componente agresivo de dicho tropo. El artículo de ‘Japonismo’ presentaba una ilustración realizada por @Nakashima723 que enseñaba cómo librarse del hombre en un ‘kabe-don’ no deseado. No es el único lugar donde se reproducen dichas imágenes como útil respuesta ante una situación incómoda. Como suele ocurrir con comportamientos sexuales que implican cierto grado de agresividad repentino y sumisión es difícil saber dónde se encuentra el límite entre lo consentido o la agresión.
