‘Kabe-don’ (壁ドン) es el nombre que recibe dicha disposición, y procede de ‘kabe’ (‘muro’) y ‘don’ (el sonido de un golpe). Suena agresivo, pero en la mayor parte de ocasiones, este término aparece asociado a una inocente representación erótica. La página española ‘Japonismo’, señala que “aunque nos pueda parecer que el ‘kabe-don’ es un momento agresivo, nunca es visto así por las lectoras y espectadoras de estas historias, más bien al contrario”. ¿Por qué? La autora señala que “es un momento de gran tensión (sexual) que provoca muchos nervios y mucha emoción: el chico controla la situación, tiene hasta una pose de ‘aquí mando yo’ y puede besar a la chica en cualquier momento si así lo desea, y eso justamente provoca excitación entre el público femenino”.