La hora de la merienda es sagrada en aquellas casas en las que hay niños (bueno, en algunas otras también) quienes, entre traslados del colegio al polideportivo o al centro cultural donde realizar las extraescolares, van a disfrutar de un rico sandwich de crema de cacao y avellanas. Que se lo comen sin protestar, angelitos.

Por último llegamos a la cena y estamos tan agotados que lo mejor que se nos ocurre es encender el horno y meter una pizza. la acompañamos de una ensalada, porque el verde ayuda a verlo todo mejor, más sano, aunque los niños no se lo coman tan bien como el bocata de la merienda. Pero es que no todo van a ser golosinas ¿no?