Quienes no concebimos la media mañana sin una segunda taza de café, quizás caigamos en la tentación de acompañarla de una galleta, un sobao o un trocito de bizcocho (industrial, claro está). Y a la hora del aperitivo, ¡cómo no vamos a abrir esa bolsa de patatas fritas! Para comer, como no hemos tenido tiempo de cocinar, tiramos de despensa y encontramos una crema de verduras que nos soluciona la papeleta del primer plato y de segundo nos preparamos una pechuga de pollo a la plancha con ensalada de guarnición. Rematamos la faena con un capricho en forma de tiramisú o similar. Total, un día es un día.